chicadiez jovenes
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Ahoga Laura un gesto de dolor: este muchacho, al igual que todos, no piensa en nada que no sea su propio placer. Debe imaginar que con tener un miembro grande – que lo tiene – es suficiente para que ella obtenga el mismo gusto que él está disfrutando. Muy equivocado está el mozuelo, ya que ella sigue tan seca que teme irritarse internamente. El lucero matutino apenas si refulge todavía. Sobre la línea del horizonte, allá en la lejanía, ya se vislumbra el primer claror. La verga encabritada fricciona la vagina, hundiéndose entre espasmos agónicos en la carne poco receptiva, eyaculando- en el último instante - sobre el vientre terso de la muchacha.